León en Común

Concha Lucas Gómez

Concha Lucas GómezMe llamo Concha Lucas Gómez, soy Licenciada en Bellas Artes, y trabajo como administrativa en una empresa de seguros.

Soy de Madrid, aunque los últimos quince años he vivido en un pueblo de cuarenta habitantes, en León, compaginando mi trabajo en León capital, la crianza de mis dos hijas, y colaboraciones con la Asamblea 15m.

Una experiencia que recomiendo vivamente, donde he tenido la suerte de poder disfrutar de la vida en el monte, con huerto, gallinas y la conciencia del cambio de las estaciones.

Hace seis meses que me he trasladado a León capital, por necesidades educativas de mis hijas, lo que me ha permitido intensificar mis actividades de colaboración con el Ateneo Varillas, aportando mi trabajo en la organización de conferencias, talleres, encaminadas al desarrollo de la cultura y la conciencia social, así como en Ganemos, trabajando en el grupo promotor y estoy inscrita en Podemos desde primavera.

Imparto un taller libre y gratuito de jabón, hasta ahora en Ateneo Varillas, el Candil, entendiendo que cumple una función ecológica, pedagógica y de autosuficiencia.

En mi tiempo libre soy escritora, fotógrafa, patino, llevo un blog (http://lafabricadejabón.blogspot.com) donde publico textos literarios propios, fotografías y artículos de interés general, y estudio textos socio políticos, pues entiendo que sólo con nuestra formación podremos pelear contra la desigualdad.

Motivación

Camino por la calle con mi hija pequeña, va merendando y observo que al pasar ante un hombre que pide dinero sentado en el suelo, intenta, torpemente, esconder su bocadillo, avergonzada, y se vuelve a mi, mamá por favor…

La desigualdad duele en los que la sufren, en los que la ven, en los que todavía no han tenido apenas tiempo para adquirir prejuicios.

Y sin embargo, han conseguido normalizarla precisamente aquellos que se beneficiaban de ella, han conseguido colonizar nuestro sentido común hasta hacer que la asumamos como cotidiana.

Paso frente a una cafetería, estos días de noviembre está llena de gente caliente tomando algo, mientras a la puerta, en la calle, sentado en el suelo, un hombre pide dinero ante un cartón escrito.

Me rebelo, no estoy dispuesta a asumirlo, no estoy dispuesta a favorecer el trabajo de aquellos que nos están expoliando, y que, además, nos están intentando hacer cómplices de su barbarie al hacernos consumir las migajas de lo que les sobra.

Todo ello no es mas que consecuencia de decisiones políticas tomadas por personas como nosotros, con bastante menos vergüenza, eso si, y el viejo discurso del “hijo mio, siempre ha habido pobres” con el que nos han tenido quietos tanto tiempo, por fin se ha caído.

El “No se puede” tantas veces utilizado ha ido quedando atrás, en cada calle, en cada plaza donde la gente ha asumido que ya está bien, que, ya que sabemos por una vez cómo hacerlo, hay que ponerse la pilas y que nos pillen peleando.